Baja Autoestima - Dolor emocional
- 5 ago 2016
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En las personas con baja autoestima, los pensamientos sobre sí misma, sus creencias, juicios y opiniones, están orientados a considerarse como con poco valor como persona. La imagen de sí es el de una persona con atributos negativos, todos los que puedan ocurrir: persona fea, poco interesante, con mala suerte, poco simpática, perdedora, desagradable, poco querible. Se convierten así en grandes representantes de las profecías autocumplidas: si hay una sola posibilidad de que algo vaya a salir mal, seguro les saldrá mal... lo que sea.
Esto provoca mucho dolor, mucho sufrimiento mental, emocional y hasta físico, ya que genera síntomas en estos tres dominios de la vida humana.
La baja autoestima no es un problema psicológico en si mismo. Puede considerarse un montante, algo que está por encima, presente en muchos otros problemas psicológicos, por ejemplo, en la ansiedad provocando la sensación de vulnerabilidad personal para vivir en un mundo lleno de dificultades, en donde solo se pueden dar consecuencias catastróficas como resultado de cualquier acción. Asimismo, en la depresión, se incrementan la evaluaciones negativas acerca del si mismo, el mundo y el futuro, llegando a entender y explicarse todas sus experiencias como rechazos producidos por el entorno. En los obsesivos, perfeccionistas y meticulosos, la elevada autoexigencia se convierte en un obstáculo para hacer cualquier cosa, a través de una permanente actitud de duda por falta de autoconfianza.
La baja autoestima puede llevar a la expresión de los más variados patrones de pensamiento y comportamiento. Desde conductas de autosacrificio y sometimiento hasta el otro extremo, sentimientos de grandiosidad y de ser el centro del mundo, pasando por el establecimiento de metas inviables o estándares inalcanzables para logro de objetivos, estrategias todas que terminan confirmando el poco valor como persona, manteniendo esa permanente, conocida y muy profunda sensación de dolor psicológico y emocional.
A lo largo de la vida, a partir de estos patrones de pensamiento y conducta la persona lucha por alejar la sensación negativa acerca de sí misma. Pero como la personalidad, prácticamente está construida alrededor de esta sensación, en algún momento, ante alguna perturbación de la vida (de las muchas que nos presenta), la estrategia cae, pudiendo producir algún tipo de síntoma.
Pero, ¿cómo se origina la baja autoestima? En mi experiencia compruebo que tiene que ver principalmente con el estilo de relación de apego con los padres o personas que cuidaron al niño, siendo también muy importante el modo en cómo se atravesó la adolescencia: Padres que utilizan a sus hijos para estabilizar su propia autoestima o que imponen exigencias irrazonables, padres manipuladores o que no confirman ni aprueban los logros que van teniendo los hijos. Padres que no se exponen al conflicto que presenta el adolescente, anulando el aprendizaje de estrategias de afrontamiento, o estableciendo una brecha que lo deja solo, encerrado en sí mismo y sin posibilidad de aprender a defender sus posturas, dicho de manera figurativa, padres que "no se bajan del caballo" imponiéndose ante el hijo como invencible. A esto se suman todas las posibles experiencias traumáticas que pueda vivir una persona: Accidentes, violencia, abuso, etc.
Tratamiento de la Baja Autoestima: Este problema se puede abordar desde distintos modelos como la Terapia cognitiva o sistémica, así como las terapias alternativas: PNL, Hipnosis Eriksoniana, etc. Todas trabajan, cada cual con sus técnicas, en la flexibilización de patrones de pensamiento y conductas para producir la adquisición de nuevos significados en la forma de verse a sí mismo, de ver el mundo y el futuro. Se propicia una ampliación de la visión de sí y del entorno. En mi experiencia propongo al paciente, dentro del marco terapéutico, el establecimiento de objetivos para producir ensayos experimentales que produzcan aprendizajes que lleven, a través de la autoobservación, a un mayor autoconocimiento, produciendo en el paciente una redefinición de sí mismo. Considero fundamental tratar previamente las experiencias traumáticas que haya podido sufrir el paciente, con técnicas como EMDR, o EFT.



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